EN OPINIóN DE

Héctor de Mauleón

La Cacería de 'El Tigre'

La cacería de “El Tigre”
En opinion de : héctor de mauleón


México, D.F., 28 de septiembre (apro).- Juan Diego Espinoza Ramírez está considerado por la Procuraduría General de la República como uno de los nuevos reyes del narcotráfico en el país. Conocido como “El Tigre”, es líder de la primera organización colombiana que opera exclusivamente en México y ha sobrevivido a importantes golpes que las autoridades han asestado a su red de distribución de cocaína.

Ésta es la historia de una cacería hasta ahora infructuosa y éstas son las primeras fotos conocidas de “El Tigre”.

El 26 de julio de 2002, el narcotraficante colombiano Juan Diego Espinoza Ramírez, “El Tigre”, recibió una llamada que lo puso en alerta: "Están movilizando gente. Van a reventar su casa".

Rápido, Espinoza Ramírez logró burlar el cerco que aquel día la Procuraduría General de la República (PGR) intentaba tenderle. Pero en su domicilio particular, ubicado en la calle Sendero de los Pinos, fraccionamiento Puerta de Hierro, en Zapopan, Jalisco, dejó olvidadas cuatro fotografías. Constituyen las únicas imágenes conocidas de un individuo al que una investigación de la PGR ubicó como uno de los nuevos reyes del narco: el principal proveedor de cocaína entre los cárteles mexicanos y líder de la primera organización estrictamente colombiana que ha sido detectada operando en el país.

Las fotografías, obtenidas por Proceso, muestran a Espinoza Ramírez en lo que parece una fiesta familiar. “El Tigre” está en ellas ejerciendo todos los lugares comunes de la estética narco: bigote de herradura, sombrero texano, cinturón piteado, hebilla tachonada de brillantes y grandes cantidades de oro. Oro que le relumbra en los dedos, las muñecas y el cuello, y hace parecer al propio Ismael “El Mayo” Zambada como un pobre narcotraficante al lado suyo.

Hoy se sabe que “El Tigre” opera en el sureste del país y en los estados de Michoacán, Colima, Jalisco y Sonora. De acuerdo con recientes declaraciones de Mario Estuardo Bermúdez, extitular de la FEADS, el narcotraficante colombiano detenta junto con “El Mayo” Zambada el control de la parte norte del Pacífico mexicano: en una época de reacomodo de los grandes cárteles nacionales, Espinoza ha logrado convertirse en cabecilla de una organización de traslado, introducción y venta de cocaína, "que también maneja la reventa de la droga".

Para la PGR, “El Tigre” habría sido uno de los proveedores principales del grupo encabezado por Delia Patricia Buendía, mejor conocida como “Ma Baker”. Estuardo declinó una solicitud para conversar sobre el tema. Sin embargo, apuntó que "la presencia y el inmenso poder de Espinoza Ramírez pondría de manifiesto que hay una operación conjunta de los distribuidores de droga en México, una operación en la que estarían trabajando de manera coordinada los principales cárteles mexicanos".

Personaje apto para la creación de un corrido, “El Tigre” ha sido capaz de mover, en una sola operación, la cuarta parte de las 24 toneladas de cocaína que la Armada de México confiscó del 1 de diciembre de 2000 al 23 de enero de 2003. A pesar de haberse convertido en uno de los narcotraficantes más poderosos de México, hasta hace nueve meses su nombre era prácticamente desconocido para las autoridades federales.

Al menos, eso aseguran éstas.

Las rayas de "El Tigre"

Ni Juan Diego Espinoza Ramírez ni su hemano Mauricio figuran en la lista de los delincuentes más buscados por la PGR, aunque informes de la agencia antidrogas de Estados Unidos, la DEA, otorgan a “El Tigre” una jerarquía semejante a la de Vicente Carrillo, Juan José Esparragoza o “El Mayo” Zambada, con los que está asociado.

Principal recolector de cocaína entre los cárteles colombianos, la FEADS lo cataloga como uno de los más importantes introductores y comercializadores de dicha droga en México.

Invisible durante la gestión de Jorge Madrazo al frente de la PGR, las autoridades de la lucha antinarcóticos no comenzaron a seguirle la pista sino hasta julio del año pasado, cuando personal del Sistema de Administración Tributaria (SAT) detuvo en el aeropuerto de la Ciudad de México a una docena de personas, de diferentes nacionalidades, que intentaban trasladar a Colombia, en maletas de mano, cientos de miles de dólares.

Sin embargo, el golpe más espectacular se propinó el 17 de julio. Esa tarde, elementos de revisión de la aduana de salida del aeropuerto detuvieron a una rubia de origen colombiano que llevaba en su equipaje 1 millón 475 mil 950 dólares. La mujer, Liliana Bustamente Trujillo, poseía dos alias. Según la averiguación previa 663/MPFEADS/2002, trabajaba como administradora de un centro de bronceado denominado “Electric Beach”, ubicado en las inmediaciones del municipio de Zapopan, en Jalisco.

Al rendir su declaración, afirmó que era esposa del empresario colombiano Álvaro Espinoza Salazar, quien a la postre resultó ser medio hermano de “El Tigre”.

Unos días más tarde, en el mismo aeropuerto, la colombiana Martha Lucía Riveros García fue detenida con 828 mil 700 dólares dentro del equipaje de mano. En un descuido imperdonable llevaba, además de un boleto a Bogotá, una tarjeta con el membrete de “Electric Beach”.

Las mujeres tenían otra cosa en común: fueron sorprendidas con agendas en las que aparecían nombres, direcciones y teléfonos de algunos de los 19 tripulantes del barco atunero Macel, que en diciembre de 2001 fue confiscado frente a las costas de Colima con más de nueve toneladas de cocaína escondidas en las bodegas y los tanques de combustible. El piloto del atunero, Miguel Loera, declaró que había sido contratado por un desconocido, llamado Pedro Osuna, "para realizar labores de pesca a bordo de la embarcación y posteriormente conducir el barco a Ensenada, en donde le harían algunas reparaciones".

El cruce de la información condujo a los investigadores al municipio de Zapopan, donde fueron detectados dos negocios de la cadena “Electric Beach”. La propietaria era otra mujer: Sandra Ávila Beltrán. Nada menos que la esposa de “El Tigre”.

Por lo pronto, entre el 26 y el 27 de julio, la PGR detuvo en los centros de bronceado a Claudia Espinoza Ramírez, hermana de “El Tigre”, y a un sobrino de éste, Paulo Alejandro Espinoza Rodríguez. Este último manifestó, ante el Ministerio Público, "que sabe y tiene conocimiento de que sus tíos Juan Diego Espinoza Ramírez y Mauricio Espinoza Ramírez, así como la señora Sandra Ávila Beltrán se dedican al narcotráfico". El muchacho dijo también que en los cargos de confianza de la organización trabajaban al menos 28 personas, casi todas ellas unidas entre sí por vínculos de sangre.

El juez noveno de Distrito en materia penal, radicado en Puente Grande, obsequió entonces seis órdenes para catear domicilios registrados a nombre de Sandra Ávila Beltrán. Y en tres cajas de seguridad aparecieron ostentosos relojes, cadenas, esclavas, anillos de oro y collares de perlas, así como dólares, centenarios, armas, agendas electrónicas y teléfonos celulares. Había también seis automóviles, dos de ellos blindados, en los que se leía la palabra "Tigre". Según un peritaje de la PGR, el valor de los bienes asegurados ascendía a 21 millones 672 mil 825 pesos.

Había algo más, las fotografías que mostraban el rostro del misterioso narcotraficante, las cuales, según un reporte de la FEADS, también daban cuenta de los rasgos de Ismael “El Mayo” Zambada.

El narco jefe

La PGR detectó también que el grupo manejaba la empresa Consorcio Inmobiliario Promotores, con sede en Hermosillo, Sonora. En el Registro Público de la Propiedad de esa ciudad, la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) encontró 225 predios y dos inmuebles manejados por el consorcio. Todos ellos estaban a nombre de Sandra Ávila Beltrán, la mujer de “El Tigre”.

Aunque el valor de los bienes confiscados revelaba que la organización poseía fuertes intereses en la plaza, ni el gobernador de la entidad, Armando López Nogales, ni el procurador de Justicia, Miguel Ángel Cortés Ibarra (consuegro del gobernador), ni los 200 agentes de la AFI destacados en la zona, ni los mil 200 de la Policía Judicial del estado habían dado muestras de conocer las actividades del grupo.

De hecho, para la PGR la presencia de “El Tigre” continúa siendo un misterio.

Hijo de Conrado Espinoza, uno de los narcos que en 1978 libró en Bogotá una guerra a muerte por el control del tráfico de drogas a Miami y Nueva York (y al que alguna se vez se acusó de haber incinerado en un parque a Nicasio Tangarife, asesino de su esposa), “El Tigre” mantiene en México una organización familiar que recuerda a la de los viejos clanes colombianos.

Según los archivos oficiales, uno de sus medios hermanos, Mario Espinoza, está asociado con los narcotraficantes colombianos conocidos como los hermanos Piedrahita. Miembro de la llamada Organización del Norte, Espinoza Ramírez acopia la droga producida por diversas células colombianas para, posteriormente, "ponerla en México".

Para la PGR, las principales puertas de acceso de la organización son las costas de Colima y Michoacán. La droga de “El Tigre” llega en buques pesqueros y embarcaciones tipo eduardoño, y eventualmente es arrojada al mar por aviones para que las corrientes la arrastren a puntos que un grupo de oceanógrafos previamente ha determinado. De ahí, la mercancía se dirige a Guadalajara para ser distribuida entre los principales cárteles mexicanos.

De ese modo, Espinoza Ramírez se habría convertido en un proveedor internacional que, desde la caída de Alcides Ramón Magaña y Albino Quintero Meraz, controla también la plaza de Quintana Roo y opera la logística de los desembarcos en la llamada Riviera Maya.

Según la causa penal 124/2002-V-B, cuya copia se encuentra en poder de este semanario, el 5 de octubre de 2002, un día antes de que el operativo en Hermosillo hiciera caer 225 predios, agentes adscritos a la UEDO grabaron una conversación telefónica entre narcoespías que se habían infiltrado en la secretaría particular del secretario de la Defensa Nacional, general Clemente Vega García, y que vendían información a las organizaciones de Vicente Carrillo Fuentes e Ismael Zambada.

El diálogo, sostenido entre los dos principales narcoespías, el capitán Francisco Tornez Castro y el sargento Pedro Bárcenas, quedó registrado de este modo:

--Bárcenas: Había unos este, trabajos en Hermosillo. ¿Te acuerdas?

--Tornez: Sí.

--Pero hay un cabrón. Son dos colombianos.

--Este, con quién, con qué empresa los relacionan.

--Pues con `El Mayo`, con El Benino. Bueno, mira, los están buscando. Son dos hermanos. Mira, te voy a platicar de dónde procede este pedo. ¿Te acuerdas que hace como mes y medio o dos meses agarraron a dos viejas con un avión, con 2 millones de dólares?

--Ajá.

--Al parecer, una era vieja de este cabrón. Y estos güeyes están relacionados con una organización que está trabajando en Hermosillo, Sonora. ¿Te acuerdas que me habías dicho que había unos güeyes muy bravos que estaban ahí?

--Ándale, sí.

--Pues estos güeyes son. Entonces están movilizando gente porque están pendientes de asegurarse más de 200 casas.

--¡Hijo de la chingada! ¿Tanto?

--Doscientas veintitantas.

--A la chingada. Son muchísimas.

--Entonces, mira. El nombre es Juan Diego Espinoza Ramírez y su hermano Mauricio, de los mismos apellidos. La esposa de Juan Diego se llama Sandra Ávila Beltrán. Al parecer, está atorada, no se sabe, pero se sabe que todas las casas son de ella. Están a su nombre. Están en todo Hermosillo. Pero estos cabrones estaban trabajando sin pedo alguno. Y quiero imaginarme que eran los que tú me habías dicho.

--Puede ser.

--Pero andaban muy recio. Al primero, a Juan Diego, le dicen “El Tigre”. Lo relacionan con “El Mayo” Zambada. O sea que hay que corroborarlo.

--Sí.

--El Tigre es Juan Diego. El otro no tiene apodo.

--Bueno, ira, estate al pendiente para que rápido mandemos un informe para allá.

Cuando la red de narcoespías fue desmantelada en octubre del año pasado, el procurador General de la República, Rafael Macedo de la Concha, reveló que la organización de Juan Diego Espinoza se había beneficiado, desde hacía varios años, con la información sustraída por los narcoespías. El general Macedo se cuidó de decir, sin embargo, que dicha información era extraída de la secretaría particular del secretario de la Defensa.

Hasta el momento, se ha ejercido acción penal en contra de ocho de los más cercanos colaboradores del narcotraficante. Tres se encuentran presos. El alcance de sus garras, sin embargo, sigue siendo incalculable.

Apenas el 10 de enero, el juez décimo octavo de Distrito de procesos penales en el Distrito Federal giró una orden de cateo que reveló que las garras de “El Tigre” habían llegado a la Ciudad de México y permitió el aseguramiento de dos casas ubicadas en San Nicolás Totolapan, delegación Magdalena Contreras.

Tres meses antes, la PGR había asegurado otro inmueble en el fraccionamiento Vallarta Gardens, en el estado de Nayarit, que los peritos valuaron en 1 millón 500 mil dólares.

Pero la PGR aún no logra pisarle la cola a “El Tigre”.

Publicado: 01/09/2007