EN OPINIóN DE

Alberto Aguirre

Elba Esther: El factor electoral

Elba Esther: El factor electoral

El 2 de julio de 2006, el ejército de maestros de Gordillo Morales fue
determinante en el resultado electoral por la Presidencia de la República,
pues le garantizaron a Felipe Calderón el medio millón de votos que
necesitaba para alcanzar una mínima diferencia en su favor

Jorge Zepeda Patterson: Carta urgente a Elba Esther

ALBERTO AGUIRRE
El Universal

Domingo 12 de agosto de 2007

Empezaba a lloviznar, la tarde del 1 de julio de 2006, y la incertidumbre
ensombrecía la última reunión del equipo que había acompañado al panista
Felipe Calderón Hinojosa durante los seis meses de la campaña presidencial.

El escenario era de pronóstico reservado, pero el abanderado del PAN tenía
prisa y quería llegar a su casa para ver el silbatazo de arranque del
partido en el que Brasil y Francia se disputaban el pase a las semifinales
del Mundial de Futbol en Alemania.

Quizá por eso, el reporte de Rafael Giménez, uno de sus principales
estrategas, congeló los ánimos en el salón de juntas: una participación de
70% del padrón electoral sostenía una ventaja del candidato del PAN de
apenas 2 puntos sobre el abanderado de la coalición Por el Bien de Todos,
Andrés Manuel Obrador.

Mientras su jefe se relajaba en el conjunto residencial de San Jerónimo
donde tenía su casa, la plana mayor de la campaña azul, encabezada por Juan
Camilo Mouriño, se concentró en La Guadiana 19, un restaurante de cocina
mexicana, plantado a un costado de la Ex Hacienda de Chimalistac.

Franceses y brasileros empataban sin goles al medio tiempo, cuando Giménez
se incorporó a la mesa en la que, además de Mouriño, actual jefe de la
Oficina de la Presidencia, estaban siete de los colaboradores más cercanos a
Calderón, entre ellos Javier Lozano, actual secretario del Trabajo, y Arturo
Sarukhán, embajador ante el gobierno de Estados Unidos.

Giménez traía bajo el brazo la actualización de su tracking: López Obrador
aventajaba a Calderón por 1.4 puntos, pero sólo mostró el reporte a Mouriño
y trató de serenarlo, explicándole que entre los probables votantes el
panista aparecía arriba del perredista.

Sin embargo, esa sensación de alivio se evaporó cuando Giménez escuchó el
reporte de Ulises Beltrán, uno de los encuestadores más confiables por haber
estado a cargo de los sondeos de opinión pública durante las
administraciones de los ex presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo.

“Quisiera no haber visto lo que he visto”, le dijo a Giménez, “Calderón
salió 3 puntos abajo”.

Con la duda en ciernes, se retiró el equipo calderonista del restaurante.

“La elección está en el aire”, era el sentimiento dominante, a 12 horas de
la apertura de las casillas.

No hubieran podido dormir si hubieran conocido el reporte del “simulacro” de
la encuesta de salida, que registró una desventaja de 1.4 puntos.

Mouriño enfiló hacia Polanco, junto con Jordi Herrera, ex secretario
particular de Calderón, entonces en funciones de jefe de la “operación de
tierra” del PAN.

Unos minutos antes de las 21:00 horas recibió una llamada de su candidato.

“¿Dónde estás? Acabo de colgar con La Maestra y necesito que te coordines
con su gente ahora mismo”, ordenó.

Ni un cuarto de hora pasó, cuando el presidente nacional del Partido Nueva
Alianza, Miguel Ángel Jiménez, y el entonces director de Educación Básica
del gobierno federal, Fernando González, se apersonaron en su penthouse.

La presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación,
explicaron, ofreció medio millón de votos al candidato panista.

Ese donativo estaba respaldado por un “ejército electoral” de 30 mil
maestros. Y en el escenario de alta polarización generado durante las
campañas presidenciales, cualquier factor podía inclinar la balanza
electoral.

Acompañados por un par de botellas de buen escocés, llamaron a cada uno de
los 58 secretarios seccionales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación (SNTE) para indicarles cómo debería ser el voto de los maestros
afiliados: Calderón por la Presidencia y los candidatos del Panal para el
resto de las posiciones en disputa. Terminaron con la tarea a las tres de la
mañana.

Esa llamada telefónica entre la lideresa del sindicato nacional de maestros
y el candidato derechista selló el pacto que sus colaboradores comenzaron a
tejer tres meses antes de las votaciones del domingo 2 de julio de 2006.

Los maestros le dieron los votos suficientes a Calderón para imponerse a
López Obrador por una mínima diferencia (238 mil votos) y de paso obtuvieron
el registro definitivo de un partido político nacional.

***

Después de las elecciones, como hace siempre que enfrenta un entorno
adverso, Elba Esther prácticamente desapareció de la escena pública.
Mientras la clase política se debatía entre la exigencia de un recuento,
promovida por el candidato perdedor y el débil cierre del Presidente
saliente, Vicente Fox, ella se refugió en San Diego, California, donde tiene
una residencia en el lujoso fraccionamiento de Coronado Cays.

En febrero de este año reapareció en la casa presidencial, donde el
presidente Calderón le festejó su cumpleaños número 62. Ese día usó un
vestido de lino grueso, rojo, unos zapatos con tacones altos y una peluca
pelirroja.

También reanudó sus habituales reuniones con periodistas. A una de éstas,
efectuada una semana después de su encuentro con Calderón, se presentó con
maquillaje discreto, vestimenta sobria y sólo una condición: respetar el off
the record; a las preguntas indiscretas, no impuso limitaciones y respondió
sin reservas, con ganas.

Ahí se mostró convencida de haber salvado a los mexicanos del “delirio
populista” de López Obrador y de “las mentiras” del candidato presidencial
del PRI, Roberto Madrazo.

Cuando se le hizo ver que, al menos en teoría, debió haber trabajado para
sumar el mayor número de votos posibles a Roberto Campa Cifrián, nominado
por el Panal a la Presidencia, no ocultó su enorme pragmatismo.

“El magisterio tiene un poder social y, en esa medida, es garante de la
gobernabilidad del país”, dijo. “El país se había polarizado, lo que estaba
en juego era el futuro del país y desde el año 2000 la alianza del SNTE va
más allá de partidismos; es con el Estado mexicano. La decisión de apoyar a
Calderón fue la correcta”.


***

Derrotada por su propio partido en diciembre de 2003, Gordillo renunció a su
cargo legislativo y se impuso un autoexilio de dos años, que transcurrieron
entre San Diego y Buenos Aires. Aunque desapareció de escena, no dejó de
hacer política. Sentó las bases para la creación de su partido, el Panal,
integrado por sindicalistas del magisterio y disidentes del PRI. Quiso
evitar el nombramiento de Roberto Madrazo como candidato del PRI a la
Presidencia para las elecciones de 2006, pero falló. Intentó inclinar
también la selección del candidato del PAN hacia Santiago Creel, el favorito
de Fox y su esposa, pero se impuso Felipe Calderón.

Buscó entonces al candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador,
que encabezaba las preferencias electorales. El líder izquierdista ya había
rechazado aliarse con La Maestra en 2000, cuando ésta le ofreció apoyo para
la elección de jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Aun así, la dirigente sindical entró en contacto con su viejo amigo Manuel
Camacho. La Maestra le pidió una audiencia privada de cinco minutos con
López Obrador.

“Andrés Manuel siempre se mostró reacio a esa negociación”, dice Ricardo
Monreal, ex gobernador de Zacatecas y otro de los cercanos al aspirante
presidencial. “Pero hizo una consulta para ver qué opinábamos y todos
rechazamos la idea. Él tenía la convicción que hubieran sido los cinco
minutos más caros de su carrera política”. Gordillo comenzó entonces a
buscar acercamientos con Calderón, el candidato que aparecía segundo en la
carrera por la Presidencia.

Además del medio millón de votos, el día de la votaciones La Maestra
desplegó un regimiento de maestros que se presentó a las mesas de votación y
representó al PAN en los estados donde tenía incompleta.

Cuando estaban por cerrar las mesas de votación, Gordillo contactó a cuatro
gobernadores del PRI para que las huestes de éstos promovieran el voto en
favor de Calderón.

Pocos días después de los comicios, mientras López Obrador convocaba a
multitudinarias manifestaciones para protestar por el presunto fraude
electoral en su contra, divulgó una grabación de una llamada telefónica
entre Gordillo y uno de estos gobernadores en la que lo urgía a reconocer al
candidato del PAN como presidente electo.

Publicado: 12/08/2007