EN OPINIóN DE

Ricardo Alemán

Josefina y Elba, Política y Poder

EN LA D I S PU TA DE PODER—QU E NO POR LA E DUCAC I Ó N del país—, que se
confirmó entre las señoras Josefina Vázquez Mota y Elba Esther Gordillo
Morales, lo primero que se tiene que tomar en cuenta es que cuando Felipe
Calderón designó a la primera como titular de Educación en su gobierno,
siguió una rigurosa lógica de poder; “para que la cuña apriete...”.

¿Por qué una mujer como la señora Vázquez Mota en la SEP, en donde otra
mujer como la señora Gordillo Morales es la lideresa real y todopoderosa del
SNTE? Pues precisamente por eso, porque la señora Gordillo sólo podía ser
enfrentada con eficacia por otra mujer como la señora Vázquez, quien en el
sexenio anterior hizo frente nada más que a Marta Sahagún, otra mujer de
poder infinito y, sin duda, el verdadero poder detrás de Los Pinos en el
sexenio anterior.

En efecto, Vázquez Mota poco o nada sabía sobre el tema educativo cuando fue
designada —como poco o nada sabían de seguridad social, seguridad pública, y
también de educación, los señores Miguel Ángel Yunes, Roberto Campa y
Fernando González, los dos primeros operadores políticos de la señora
Gordillo y el último su ye r n o —, porque el trabajo para el que fue
llevada a la SEP era y es fundamentalmente político. La prioridad no sólo
era trabajar en el mejoramiento de los niveles de la educación pública, sino
modificar de manera sustancial la vieja estructura educativa en manos del
SNTE, burocracia que hace imposible cualquier intento de cambio en la
educación pública.

Por eso, cuando la lideresa del magisterio prepara una escenografía para
cuestionar las capacidades de la señora Vázquez Mota en el campo de la
educación (EL UNIVERSAL, lunes 23 de julio, entrevista con Raymundo Riva
Palacio), en realidad acusa el golpe que ha recibido por las primeras
acciones de eficacia mostradas por la secretaria de Educación, en una tarea
que parece titánica, pero que empieza a dar resultados. La SEP empezó a
arrebatarle al SNTE posiciones fundamentales de poder —como acabar con la
designación de directores de escuelas de enseñanza media, por la selección a
partir de concursos de oposición, entre muchos otros—, que debilitan el
otrora intocado feudo de la señora Gordillo.

¿Qué es lo que le hace más daño a una organización sindical corporativa, de
poder vertical y con una fuerte cultura de sometimiento, como el SNTE? Eso
precisamente, romper los vasos comunicantes que perpetúan ese diseño. En el
fondo, la señora Gordillo reacciona ante las grietas que empiezan a aparecer
en el viejo edificio de su poder sindical, pero no lo hace con sensatez,
inteligencia y eficacia —con el cálculo milimétrico que muchos le
acreditan—, sino al más viejo estilo del caduco sistema político. Y
seguramente en las oficinas de la SEP, si no es que hasta en Los Pinos, se
habrían descorchado botellas de champaña para celebrar que la lideresa del
magisterio confirmó que van por el camino correcto.

Y es que sólo los despistados pueden imaginar que la señora Josefina Vázquez
Mota actúa por la libre, al margen de las decisiones del presidente
Calderón, y que modifica las estructuras de la SEP por una mera ocurrencia o
de motu proprio. Y sólo a la señora Gordillo se le pudo ocurrir que
debilitaría a la titular de la SEP al denunciar públicamente sus diferencias
con la señora Vázquez Mota —no porque ignore la cosa educativa—, sino porque
hace bien el trabajo para el que fue llevada a la SEP. ¿Cuál fue la reacción
de la SEP y de Los Pinos ante el golpe lanzado por la señora Gordillo?
Silencio en las expresiones públicas, pero seguramente se dibujaron sonrisas
en más de uno de los centros reales de poder del gobierno.

II Alianza nefasta Y en efecto, nadie duda que el gobierno de Calderón está
pagando una cuota muy alta por una alianza que, al final de cuentas, parece
reclamar más de lo que ofreció. Editorialistas destacados han demostrado que
tiene más de mito que de realidad la versión de que los votos que hicieron
la diferencia entre el triunfo de Calderón y la derrota de López Obrador
habrían provenido del activismo electoral de la señora Gordillo.

Pero más allá de esos datos duros, lo cierto es que el gobierno de Calderón
pagó con importantes joyas de poder una transacción político-electoral en la
que habría recibido baratijas. Calderón le entregó al feudo de la señora
Gordillo una posición fundamental en la SEP —como la Subsecretaría de
Educación Básica, otorgada a su yerno—, el ISSSTE y un sector clave de la
seguridad pública, además de la rentable Lotería Nacional. El dinero público
corre a manos llenas a las arcas del magisterio, y los feudos de la señora
Gordillo permanecen intocados. Todo esto mientras que “la profe s o ra ”
hace todo lo necesario para mantener el control vitalicio del SNTE, y
acomoda las piezas para que ese poder infinito se convierta en una herencia
familiar.

Sin embargo, el costo más alto que paga el gobierno está lejos de los
centros reales de poder que debió entregar a “la profesora” a cambio de su
alianza. El verdadero costo es el de la incongruencia y la imagen negativa
que le acarrea a su gobierno la alianza con uno de los sindicatos más
antidemocráticos, corruptos, que más daño le hacen a la educación, a la
democracia, a la transición y al sindicalismo. Calderón terminó en brazos de
uno de los poderes corporativos más cuestionados por una democracia, en un
poder como el de la señora Gordillo, que históricamente fue combatido por el
PAN y por sus fundadores. Esa incongruencia y esa mala imagen que resultan
de la alianza con la señora Gordillo, son un lastre mayor para el gobierno
de Calderón que el provocado por la entrega de centros reales de poder.

Y por supuesto que la de Calderón con “la profesora” no será una alianza
para todo el sexenio. Los estrategas de la casa presidencial miden y
calculan, otean la dirección de los vientos y la fuerza de las tormentas, en
tanto que en el espacio de la educación pública plantan nuevos cimientos en
la relación SEP-SNTE. Y en su momento la liga se romperá por lo más delgado.
La alianza terminará. II La soledad de Elba

Y es que si bien resulta incuestionable el poder de la señora Gordillo al
frente del magisterio —que es el sindicato más numeroso y con más dinero
para hacer frente a la contingencia política que se quiera, como ya ocurre
en casos como el de Oaxaca—, lo cierto es que para la señora Gordillo
tampoco había muchas alternativas para establecer alianzas políticas y de
poder y para preservar su imperio. La alianza con Calderón fue una apuesta
más audaz que inteligente, un golpe de suerte, que en su momento era la
única ruta de escape posible. ¿Por qué? Porque en la segunda mitad del
gobierno de Vicente Fox, entre 2003 y 2006, la lideresa magisterial había
llevado su poder a una ruta prácticamente de extinción.

La señora Gordillo no sólo rompió con Roberto Madrazo y con el PRI, no sólo
dejó de ser útil para el nefasto gobierno de Vicente Fox, y no sólo era mal
vista por el entonces “seguro presidente”, el señor López Obrador. Su
situación era de tal aislamiento político —a pesar de su poder real—, que a
partir de ese poder se lanzó a construir lo que en el diseño era su única
alternativa real, la de crear un partido político que le sirviera de
salvavidas: el Partido Nueva Alianza.

En realidad cuando la señora Gordillo decidió aliarse con el entonces poco
prometedor candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón, no lo hizo
porque creyera que fuera a ganar, sino porque era el único o casi el único
trampolín político disponible, que le abrió las puertas.

¿Qué pasaría si la señora Gordillo decide romper su alianza con el gobierno
de Calderón? ¿Sería aceptada como aliada confiable del PRI? ¿Sería recibida
por el PRD? ¿Haría las pases con el señor “legítimo”? En realidad no tiene
muchas alternativas de poder para mantener el control político dentro de ese
gigante que es el SNTE. Y aquí es donde viene la parte interesante de la
historia. ¿Por qué la señora Gordillo se ha mantenido al frente del control
corporativo del SNTE? Se puede decir que gracias a sus habilidades, su
liderazgo, su autoritarismo... lo que se quiera. Y todo eso podrá ser
cierto, pero la permanencia en el control del magisterio se debe
fundamentalmente a que existen posiciones y cuotas de poder disponibles para
ser repartidas.

Si rompe su alianza con Calderón se habrán acabado los asientos para
repartir, y no habrá otros centros reales de poder con los que se pudieran
sustituir esas posiciones. Cuenta con su partido, el Panal, pero ese no es
más que un embrión que no sirve ni para botana. A querer o no, la
sobrevivencia del liderazgo de la señora Gordillo es y será posible sólo a
partir de su alianza con el poder; primero con los gobiernos del PRI con
Salinas y Zedillo, luego con Vicente Fox y ahora con Calderón. Si rompe con
el gobierno no tendrá lugar en otra franquicia partidista ni centro real de
poder, y el derrumbe será inevitable. Y eso lo saben en la casa
presidencial.

II El fin de los caciques Pero el liderazgo de la señora Gordillo enfrenta
un problema mayor. Hace apenas unas semanas se filtró a la opinión pública
el manoseo estatutario que se hizo en el SNTE para garantizar que “la
profesora” siguiera en calidad de líder vitalicia al frente del gremio
magisterial. El escándalo fue tal que se debió maquillar la decisión.
¿Cuánto tiempo más soportará la sociedad mexicana en general y el gremio
magisterial en particular un liderazgo como ese? Gremios como los
petroleros, mineros y otros acusan grietas que tarde o temprano provocarán
el derrumbe de esos poderosos grupos corporativos que se niegan a la
democracia interna y a la transparencia. Y el de la señora Gordillo no es la
excepción.

La naciente democracia mexicana reclama el fin de los liderazgos vitalicios,
la democracia en las organizaciones sindicales y la transparencia en las
arcas de esos poderosos sindicatos, muertos vivientes que se aferran lo
mismo al PRI, que brincan al PAN o se reeditan en el PRD. La utilidad
político-electoral de esos gremios es cada vez menor, en la medida que entre
la sociedad se abren espacios a la pluralidad política y al ejercicio de
libertades como la de expresión. Lo sorprendente es que contrario a la ruta
seguida por la señora Gordillo en sus primeros años al frente del magisterio
—años en los que estimuló el reparto del poder y la pluralidad entre los m a
e s t ro s —, ahora parece dispuesta a regresar al pasado, al fortalecer el
carácter unipersonal y autoritario de un sindicato que pierde espacios y
posiciones de poder.

Desde sus tiempos como promotora de grupos de discusión y análisis sobre la
transición democrática y la pluralidad en el poder, como el Grupo San Ángel,
la señora Gordillo parecía destinada a promover desde su gremio la
democratización sindical, al tiempo que la vida nacional entraba también a
los espacios de la democracia. Pero algo pasó, y en tiempos de una naciente
democracia parece que “la profesora” se convenció de que un reino
corporativo, nada democrático, corrupto y cuya vida se explica sólo a través
del autoritarismo y el reparto de cuotas, es más útil en los tiempos de la
democracia que en los del autoritarismo del PRI. De ser la mujer
presuntamente predestinada a impulsar la gran revolución del sindicalismo
oficial, pasó a una mala copia de su mentor y promotor. Y no hay duda que
pasará a la historia, pero no como lo mejor del sindicalismo oficial.

II Historia negra Por lo pronto, frente al poder político y económico que
ostenta la señora Gordillo, también existe una suerte de contrapoder que
opera en contra de la lideresa; esa historia negra que la sigue a donde
quiera que va, y que así como tiene una gran dosis de fantasía, también
tiene mucho de cierto. Un flanco de extraordinaria debilidad, capaz de
derribar de su pedestal hasta al más experimentado líder o dirigente, es el
destino de los dineros que a chorros produce el sindicato más grande de
América Latina.

¿Por qué en sindicatos como el SNTE se prefiere la opacidad respecto de los
dineros que mediante cuotas aportan los agremiados? Tienen razón quienes
apelan a la independencia sindical, pero también aquellos que reclaman la
transparencia en el manejo de los recursos económicos de gremios como el
educativo. Y es que detrás de secretos como ese se esconden buena parte de
los controles sindicales. En la entrevista que ofreció la señora Gordillo se
hace referencia a su casa frente al mar, en San Diego. En otros momentos se
ha documentado el abultado patrimonio que en otras partes del mundo tiene
“la profesora”, y menudean los testimonios sobre su gusto por el derroche.

¿Es tolerable que en el México democrático, de la alternancia en el poder,
de libertades como la de expresión, de la transparencia, se sigan
reproduciendo esos liderazgos insultantes? ¿Con el salario de cuántos miles
de maestros se podrían adquirir propiedades como las que ostenta la señora
Gordillo? Existe una fuerte corriente social que cuestiona y hasta logra
frenar a los poderes fácticos, a los monopolios como los de la radio y la
televisión. Pero ¿hasta cuándo alguno de los partidos políticos, de los
gobiernos en turno promoverá que esos otros poderes fácticos, monopolios
sindicales como los mineros, petroleros y maestros, entre otros, entren a la
ruta de la democracia interna y la transparencia?

En la guerra desatada entre las señoras Vázquez Mota y Gordillo lo que menos
importa es la educación —deuda histórica que tiene anclado al país en el
siglo pasado—, sino la disputa de los espacios de poder, el cobro de
facturas y la preservación de privilegios. Y saltan las preguntas obligadas
¿quién será capaz de poner un alto a esa situación? ¿Hasta cuándo?

Publicado: 24/07/2007